Hola,
«Aun cuando creyera que el sol acabaría por abrasarlo, como había quemado las botas y el precioso piwafwi, aun cuando se convirtiera en algo tan etéreo como el humo gris arrastrado por el viento helado de la montaña, mantendría los principios y la dignidad, los elementos que habían dado sentido a su vida»
En capítulos anteriores relatábamos las dos primeras partes de la trilogía del Elfo Oscuro: la vida y el exilio del drow Drizzt Do'Urden, respectivamente.
En El refugio, tercera y última parte de la trilogía del Elfo Oscuro (que no de la historia de Drizzt, ojo), el joven drow ha llevado a cabo la mejor decisión que podía tomar: si la Antípoda Oscura no es lo suficientemente grande para ocultarlo de aquellos que le persiguen, deberá ir a un lugar lo suficientemente lejano y peligroso como para que sus perseguidores se lo piensen dos veces: el mundo exterior. Suena absurdo, ya que en los Reinos Olvidados no hay lugar más peligroso que la Antípoda Oscura... pero los drows temen a la luz del sol. De hecho, el sol acabará quemando, en cuestión de días, todo el equipo de dura adamantita fabricado en la Infraoscuridad. La magia de los drows tampoco parece comportarse en el mundo de la luz de la misma manera que en la oscuridad, y los sensibles ojos de los elfos oscuros, tan aptos para ver en la oscuridad y para percibir el espectro infrarrojo, se verán duramente heridos a la menor señal de luz. Si todo esto se debe a que el influjo de la Reina Araña no llega hasta aquí, o si se debe a alguna otra causa, ningún drow parece capaz de saberlo.
Ahora que Drizzt conoce el valor de la amistad y de la compañía, el valor del amor, desea más que nunca encontrar un hogar, y una vida que compartir con seres queridos. Sabe de sobra que la Antípoda Oscura nunca podrá ser su hogar, por lo que tiene todas sus esperanzas puestas en el mundo de la luz. Sin embargo, la vida no se presenta fácil para Drizzt. De nuevo solo (salvo por la compañía de su fiel amiga Gwenhwyvar), está en un mundo desconocido que le es completamente hostil: no en vano los drows son conocidos en la superficie por sus infrecuentes, pero brutalmente sanguinarias y crueles incursiones. Ver a un drow solitario es un motivo de alarma, pues lo lógico es pensar que se trata de un explorador que se ha avanzado respecto de un ejército atacante. Drizzt verá cómo todas las puertas se cierran ante sus narices antes incluso de poder explicar sus buenas intenciones, y en muchas ocasiones será atacado, expulsado por la fuerza, y perseguido, antes incluso de poder decir esta boca es mía.
Refugiándose en un bosque, Drizzt se acercará a una granja alejada de un núcleo urbano. Allí vive una plácida familia humana, tres generaciones de humanos que comparten su vida, su trabajo y su amor. Drizzt los observa en silencio, reuniendo el valor para acercarse a ellos tras tantas decepciones, e intentando algunos pequeños acercamientos a los que le parecen más abiertos: los niños humanos. Sin embargo, los pequeños saben lo que habitualmente conlleva tener un drow cerca; y lo que es peor: Drizzt no es el único ser que espía a esta familia. Alguien, un ser originario de otro plano de existencia que vive cerca de la cueva por la que salió Drizzt a la superficie, tiene planes bastante fatídicos para dicha familia, planes que darán poder, de cierta manera, a ese ser. Drizzt, con su presencia no ocultada, está ayudando sin saberlo a los planes de ese ser; pues ¿qué mejor manera de hacer el mal y ocultar la propia presencia, que inculpando de los males a un drow? A nadie le sorprendería que un drow hiciera cosas malvadas...
En esta tercera parte se cuenta la que es, para mí, la mejor historia de toda la trilogía: la relación entre Drizzt y el vigilante ciego Montolio, una suerte de druida de los bosques al que no le hacen falta ojos para ver la naturaleza de las cosas. También me gusta mucho el hecho de que la historia, aunque salta a la vista que no ha concluido como tal, sí es capaz de cerrar la trilogía, por lo que no te deja con la sensación de vacío típica de otras trilogías, que han aprovechado su tirón (como es el caso de ésta) para dejarte con la miel en los labios, pendiente de la siguiente saga. Aquí es obvio que a Drizzt le faltan muchas cosas por hacer en su longeva vida drow, pero la historia que se pretendía contar en esta trilogía queda bien atada.
Así que sólo me queda decir una cosa: ahora tengo que buscar la siguiente trilogía, la del Valle del Viento Helado. Con que sea la mitad de viciante que la trilogía del Elfo Oscuro, me basta.
Un besote







cathan_nbr
19 abr 2007 | 07:47 PM
Éste es el que más me gusta, el momento en el que sale al exterior es especialmente emocionante. Drizzt tiene todo un mundo por descubrir, es casi somo un niño que va creciendo (recuerdas la anécdota de la llegada del invierno?). Es imposible no identificarse con el pobre elfo.
Tomy
26 abr 2007 | 10:23 AM
Y para cuando el Valle del Viento Helado?
Tomy
26 abr 2007 | 10:24 AM
A si cuando yo acabe de leermelo y os lo pase xD xk aunk ki se lo haya leido del pdf tu kieres el libro, jajajaja
Pos os va a tocar esperar que yo no leo compulsivamente como vosotros.
tutururutu xD
Anandryne
29 abr 2007 | 12:17 AM
Vaya, vaya... así que ahora has descubierto a Drizzt Do'Urden.
Pues te recuerdo que el drow de los ojos de espliego es miooooo... miooooo... mi tessssoro... yo lo vi antessssss